En el sudeste asiático, el ratán sirve para trenzar muebles que son sinónimo de vacaciones exóticas, como aquella silla en que asentó sus posaderas una tal Emmanuelle. Pero en Singapur el ratán se emplea, también, para azotar. A pequeños y mayores y con sanción legal, desde la época colonial. La sorpresa ha saltado esta semana porque la ciudad-estado, a contracorriente, en lugar de jubilar sus rémoras victorianas, las limpia y fija y les da esplendor. No necesariamente para castigar más, pero sí para castigar mejor.
Internacional Singapur aclara a sus escuelas cómo azotar a acosadores, copiones y gamberros
Singapur aclara a sus escuelas cómo azotar a acosadores, copiones y gamberros
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