No hay un solo club que esté para dar lecciones a otro. El capitalismo más descarnado guía el fútbol de élite desde hace demasiado tiempo y la opacidad se da por sentada como si formara parte de las reglas del juego. En ese saco caben todos los clubs, los nuestros y los de los demás, aunque el sentido de pertenencia nos haga creer que lo propio alcanza una cotas de ejemplaridad superiores a lo ajeno. El fenómeno se llama forofismo y es hasta saludable bien defendido como ingrediente indispensable para discutir amistosamente en el bar, en el trabajo o en una cena de Navidad.
