A nadie le gusta que Goliat, hecho unos zorros, eso sí, se levante, zurre a David, le rompa el tirachinas y lo deje en un rincón, lloroso tras acariciar la gesta bíblica. A malas, los filisteos son así. Goliat era la selección de Argentina, tres veces ganadora del Mundial. Y Egipto ese David al que nunca se le había presentado la oportunidad de pasar a cuartos de final.
