Elon Musk, según su propio relato, es una moderna Casandra: mejor que la mayoría a la hora de predecir el futuro, pero condenado a que no le crean. “La gente no se da cuenta de que lo que digo terminará ocurriendo”, afirma en una entrevista de 90 minutos concedida a The Economist para The Insider, realizada en una gigantesca fábrica de Tesla en Texas donde los coches eléctricos salen por sí solos de la cadena de montaje. Puede que esto se deba a que sus predicciones sobre el futuro van desde lo inquietante hasta lo directamente extraño. Musk vaticina que, en menos de cinco años, los sistemas de inteligencia artificial podrían superar la suma de toda la inteligencia humana. En menos de diez años, los robots en el trabajo contribuirán a inaugurar una era de “abundancia asombrosa” en la que el dinero dejará de tener sentido. Y en unos veinte años, Reino Unido —un país que no visita desde hace años— se verá envuelto en una guerra civil.
