A los 20 minutos de partido, mientras Real Madrid y Benfica ya empataban a un gol y el Santiago Bernabéu era consciente de que iba a ser un noche para rasgarse más vestiduras, los pupitres de la tribuna de prensa estaban completamente vacíos. Unos cuantos cronistas (y las radios y teles) permanecían inmóviles, dedos en el teclado y mirada en el verde, más propia la imagen de un partido de Liga sin alicientes.
