No es la primera vez que Trump se equivoca en materia de estrategia geopolítica.
No es tampoco la primera vez que su discurso hostil, persecutorio y vociferante de “eliminar a una civilización” o de “golpearlos muy duro” no arroja los resultados esperados.
La verdad es que los iraníes resultaron más astutos, más inteligentes y mejores estrategas.
La poderosa arma del petróleo, y aquí no se trata de lo que produce Irán, puesto que no tiene acceso a los mercados internacionales (una de las condiciones para alcanzar un acuerdo de paz definitivo), sino del que cruza por el estrecho, que la cúpula militar de los ayatolás pretende controlar.
El simple cruce del 20 por ciento del gas mundial y de otro 18 por ciento del crudo que se consume a nivel global, hace de esa puerta, de ese “pasadizo reversible”, el más importante elemento de presión que Irán puede ejercer en estos momentos en contra de Washington.
Cuando se observan estos más de 100 días de escarceos, bombardeos, minas marítimas, drones de extrema penetración y, por tanto, de eficiente peligro contra el enemigo, está claro que Trump cometió uno de los errores más grandes de la estrategia militar de los Estados Unidos.
Entró a un conflicto sin plan específico, sin metas concretas más allá de asesinar y aniquilar a la cúpula político-religiosa-militar de Irán, y esperar con extrema torpeza que las masas rebeldes se levantarían para aplaudir al enemigo que los bombardeó.
¡Vaya traspiés! de costosísimas consecuencias.
Por supuesto, el discurso trumpista es otra cosa. Sólo victorias, récords históricos por haber terminado una guerra apenas a un mes de iniciada, la promesa inflada de un acuerdo de paz frente a los líderes de la OTAN y de cara al pueblo estadounidense.
Todo mentiras, propaganda —en lo que sí es un profesional—, declaraciones sin sustento ni sentido para manipular los mercados y el precio del petróleo.
Hoy vivimos la esquizofrenia bélica de impulsar un acuerdo de paz, al tiempo que se lanzan bombas y misiles.
Se firma un Memorandum of Understanding (MOU) como marco para un acuerdo de paz definitivo y permanente, que se rompe a las pocas horas y se destruye en cuestión de días para volver a la confrontación original.
Irán ataca, Estados Unidos contraataca, se lanzan misiles y drones a instalaciones energéticas, pero al mismo tiempo, siguen hablando de una paz que cada día se ve más inalcanzable.
Según algunos académicos en Estados Unidos, el inútil o costoso conflicto con Irán le costará la derrota absoluta de los republicanos en noviembre, golpeando severamente su popularidad con una inflación al alza, unas tasas de interés que la Reserva Federal no considera bajar y con una deuda galopante que parece también fuera de control.
El megalómano de la Casa Blanca, obsesionado por dejar su marca en la historia, considera construcciones y monumentos, arcos triunfales para una victoria que se le escapa entre las manos.
Llegará a la mitad de su administración con una gran fortuna (1.4 billones de dólares en estimaciones conservadoras), pero sin logros económicos o políticos en lo doméstico, y múltiples ridículos en lo internacional.
Sólo Venezuela se podrá anotar como victoria —por el momento—, mientras que Cuba, Ucrania e Irán no logran concretarse en un logro siquiera alcanzable.
Trump podrá alegar lo contrario, que él hizo grandes proezas, pero los datos son tan duros como la realidad aplastante: nada ha podido conseguir de Putin, quien se aleja cada vez más de su órbita de influencia —o viceversa—; con Xi tuvo una cumbre exenta de asperezas, pero en buena medida, gracias a la visión de Estado del líder chino; es tal el abismo al que lo orilló Netanyahu que ahora su relación está igualmente congelada; el tono con la OTAN, frío y distante, conscientes los europeos de que Trump no es confiable y no pueden depender de Estados Unidos para la defensa regional.
Está urgido de triunfos, de alguna medalla que lo pueda reposicionar hacia noviembre; por ello los temas de seguridad y narcopolíticos con México son tan delicados.
Hacer un operativo aquí sería relativamente fácil, bajo costo, conflicto manejable a través de enormes promesas —e incluso la ratificación absoluta del T-MEC— y de considerable rentabilidad electoral.
Por lo pronto seguiremos asistiendo a este circo mal calculado en que se mantiene el discurso de paz, al lado de bombas y ataques recíprocos.
Ahora han difundido que van a prevenir que Irán no haya colocado drones en Cuba, cuya distancia operativa desde Washington representa un riesgo de altísimo nivel para Estados Unidos.
El gran Trump, convertido en el errático, egocéntrico, ambicioso manipulador del mundo.
