Lo primero es el movimiento. La vida que inicia cada lunes a primera hora y de repente, pasadas las siete y media, el suelo empieza a agitarse de manera rítmica: de allá para acá y de acá para allá. Por la ventana, los árboles se unen a este bailoteo. Después, comienzan a sonar los empates de las paredes de la casa: un crujido, otro más. Y a lo lejos, los gritos de los vecinos, las plegarias como salvavidas. Enseguida, los nervios de mi perrita, Kosti, expresados en ladridos entrecortados.
Internacional Testimonio del seísmo en Colombia: “Se escuchan voces: ¡Vamos a sacarlo!”
Testimonio del seísmo en Colombia: “Se escuchan voces: ¡Vamos a sacarlo!”
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