El sistema de pagos SPEI ha hecho posible que una transferencia al interior de México se procese en segundos. Al igual que en Brasil, donde Pix llegó a revolucionar la forma en la que personas y empresas pagan. Sin embargo, una transferencia entre México y Brasil añade un grado de complejidad pues necesita de bancos corresponsales, conversión en monedas y a menudo una conversión a dólares antes de que el dinero pueda liquidarse. Por esta razón, conectar sistemas nacionales de pago es tan complejo como necesario para países que buscan facilitar las transacciones con menos intermediarios.
Los BRICS, el diverso grupo que funge como una suerte de alianza político-económica integrado por Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica y que hoy incluye a otros seis miembros, está buscando precisamente eso. Hace apenas unos días el gobernador del Banco de la Reserva de India, Sanjay Malhotra, afirmó que el bloque está buscando rutas para hacer interoperable su infraestructura financiera. Sobre la mesa hay dos rutas posibles. Por un lado, conectar sus sistemas de pago rápido para hacer facilitar operaciones vinculadas al comercio, las remesas o el turismo. Y por otro, la alternativa de mayor complejidad es conectar sus monedas digitales emitidas por bancos centrales para que puedan usarse y liquidarse entre países del bloque.
Suena muy técnico pero la idea es lograr construir una red que conecte sus monedas y sistemas nacionales. Si bien en el discurso se habla de que el objetivo final es hacer los pagos transfronterizos más rápidos, baratos, accesibles, seguros y transparentes, los motivos detrás de la propuesta tienen un trasfondo geopolítico y estratégico mucho más interesante.
Hoy en día, SWIFT es el sistema de cabecera que permite que bancos de distintos países puedan comunicarse y procesar estos pagos, siendo un pilar fundamental para el comercio internacional. Pero varios bancos y entidades rusas, por ejemplo, no tienen acceso al sistema derivado de las sanciones económicas en su contra tras la invasión a Ucrania. Materializar una propuesta como esta que contrarresta la dependencia de bancos occidentales le daría herramientas a Moscú para evitar presiones de ese tipo.
Claramente, no todas las partes quieren una confrontación con Washington, pero uno de sus puntos de convergencia es reducir la dependencia del dólar. Al respecto, China ha priorizado su estrategia de consolidar al yuan como alternativa internacional y esta puede ser una oportunidad para empujarlo. También es una forma de lograr internacionalizar las monedas nacionales de los integrantes del grupo. India, por ejemplo, ha afirmado que continuará promoviendo el uso internacional de la rupia y de monedas locales en pagos transfronterizos y transacciones comerciales. En este punto también Brasil y Sudáfrica comparten el interés por una mayor autonomía y menores costos.
Para China en particular, esta propuesta también tiene una dimensión tecnológica que se entremezcla con su competencia con Estados Unidos. Diseñar un sistema que logre la interoperabilidad, pero también las barreras de ciberseguridad, datos y acceso, adquiere un especial protagonismo en la creación de la infraestructura que mueve una porción creciente del comercio mundial.
Los beneficios suenan positivos, pero los retos también son importantes. Se tendría que buscar empatar estándares, acordar protocolos de seguridad y formatos de operación. También habría que homologar las normas locales, principalmente aquellas ligadas con el lavado de dinero, control de capitales y supervisión bancaria. Esto sin mencionar que se tendría que garantizar que habrá liquidez para estos intercambios y definir tipos de cambio.
Pese a que los intereses detrás de la iniciativa no son idénticos, los BRICS sí coinciden en combatir el dominio que ha tenido Washington y sus aliados en el sistema financiero mundial por décadas. Sin embargo, la batalla financiera de esta entidad no termina con un sistema como el que plantea; el verdadero reto es generar la confianza, la liquidez y las reglas que hoy sostienen la primacía estadounidense.
