Ataviado con un pañuelo rojo, en la víspera de San Fermín, el pamplonica Mikel Merino era un hombre feliz en las entrañas del AT&T Stadium de Dallas el lunes. Minutos antes de que tuviera que salir, y casi posar ante la prensa, tímido pero sonriente, había anotado un nuevo gol decisivo saliendo desde el banquillo. Un disparo ajustado al palo corto del infranqueable Diogo Costa en el añadido que sellaba el pasaporte de España para cuartos de final del Mundial y despedía a la Portugal de Cristiano. “Estoy agradecido por la confianza que tiene Luis (De la Fuente) en mí, nos conocemos hace mucho y sólo puedo responder con confianza y respeto”, certificaba. El pase, por cierto, fue de Ferran Torres, otro que salió desde el banco.
