En plena resaca de la primera ronda de conciertos de Rosalía, con los nervios culés anunciando una tarde larga a la espera de la continuidad o no en la Champions y la llegada de Alcaraz para vertebrar el torneo, el Godó se puso ayer un poco en modo Tour y el Tour en modo tenis. Porque el Hospitality, ¿dónde si no? fue el lugar escogido para dar un nuevo pistoletazo de salida a otra espera, la del Grand Départ del Tour de Francia. Así, entre pastelitos de colores de maillot y vocación de souvenir, la gran prueba francesa arrancó ya un poquito (aunque quedan tres meses para julio) de la mano del gremio de pasteleros y su estrella más ciclista, Lluc Crusellas. Volaron todos. Los blancos (de mel i mató), los verdes (pistacho y chocolate blanco), los de lunares (fresas con nata) y más rápido que ninguno los amarillos que, claro, son de mousse de limón. La concurrencia (mucha para un martes sin fiesta) fulminó en un visto y no visto estos dulces que cuentan lo que viene en esta Barcelona que por fin vuelve a coger comba.
