Van hasta por las propinas; en las aduanas de los aeropuertos el saqueo es abusivo, arbitrario. ¿Cuánto gastó? La pregunta altanera. Les importa un comino si estás en los límites de la franquicia, que de hecho es ridícula. A ojo de buen cubero te hacen un estimado y te mandan a pagar mil, cinco mil o la cantidad que calcule el “doberman” capacitado para sacar lo más que se pueda.
No hay secretos: las finanzas públicas están quebradas, el déficit crece, la deuda salta al ritmo de uno y hasta dos billones cada año; en lo que va del obradorato ha crecido casi al doble, con los que decían que no iban a endeudar al país.
A unos metros de distancia, la extorsión a todo lo que da contra los conductores de las plataformas digitales; las líneas aéreas hacen lo propio contra los viajeros que deben pagar hasta por ir sentados en el avión.
En Estados Unidos, Canadá y Europa, con los que México tiene tratados comerciales, las aduanas son libres, a menos que tengas algo que declarar. ¿Hay vigilancia? Por supuesto, incluso revisiones aleatorias; simplemente, un sistema moderno, ágil.
¡Ah! Pero llaman héroes a los paisanos, los mismos que llegan con esas mochilas fayuqueras que llenaron con ofertas de “LA WALMART”, Ross, Below Five y otros establecimientos. Los “inspectores”, es un decir, se aprovechan de los incautos, que son la mayoría de paisanos, que no saben que en los 500 dólares no se incluyen artículos personales, muchos electrónicos, vinos y licores y muchos productos más.
Cuando uno espera la maleta o hace fila frente a las máquinas revisoras, se pone a pensar: ¿Estos tipos sabrán los calvarios que pasan los paisanos que abandonaron su rancho o su pueblo para enfrentar coyotes, agentes migratorios, discriminación, abuso y malos tratos? ¿Tendrán la mínima idea de lo que les cuesta ganar cada dólar que luego se traduce en los miles de millones de las remesas?
En el camino te encuentras con marinos recoge boletas, en los que se invirtieron millones de recursos para mandarlos al mar o a la protección de costas y litorales.
Según el sapo es la pedrada; si te ven con desconfianza te mandan a un semáforo truqueado que te remitirá a los “doberman”; te tocó rojo, ni hablar, a ver de a cómo es la contribución para los de la CNTE…
Y luego están las otras aduanas, la de los cruces fronterizos; igual, a ojo de buen cubero, calculan el contenido en coches, camionetas y camiones; ya hay cuota y hasta contraseña. “250 dólares, mi Güero, y ya nadie lo molesta”, dicen algunos agentes.
Ahí no termina la cosa, porque luego viene “la otra aduana”. La de los delincuentes que te extorsionan con el llamado derecho de piso; con ellos te pones o más adelante la pagas más cara. Si se trata de comerciantes, de la cuota se encargan policías y la Guardia Nacional.
Así o más las penurias de turistas, viajeros y vacacionistas en un sistema aduanero cuyo gobierno se la vive culpando al de Estados Unidos del tráfico de armas, como si los vecinos fueran los custodios de las fronteras de México.
AL MARGEN
Prácticamente están en el olvido dos temas de gran impacto: la desaparición de más de 100,000 barriles de petróleo diarios en el primer trimestre del año y 165,000 en abril, según lo que ha documentado la investigación del doctor Francisco Barnés de Castro, quien calcula en más de 170,000 millones de pesos el desfalco contra México por el huachicol fiscal solo en los últimos cinco años.
El otro, relacionado con las desapariciones forzadas en México, que ya están por encima de las 134,000. En septiembre próximo, el Secretario General llevará al pleno de las Naciones Unidas la solicitud del comité especializado en la materia para que se aplique, por primera vez en la historia, el artículo 34 de la convención por la omisión, acción o aquiescencia del Estado mexicano en los últimos 25 años, particularmente los últimos ocho años, en los que ha subido dramáticamente el número de desaparecidos.
