Durante años, la conversación alrededor de la danza pareció ordenarse bajo categorías rígidas: ballet clásico, contemporáneo, tap, urbano, teatro físico. Cada disciplina con sus espacios, sus públicos y sus jerarquías. Pero para el bailarín mexicano Isaac Hernández esa fragmentación terminó por convertirse más en una limitación que en una virtud.
A lo largo de más de una década comandando el espectáculo Despertares, el primer bailarín del American Ballet Theatre ha buscado desmontar la idea de que el arte del movimiento debe ser categorizado en extremo.
Para deleite del público mexicano, esa disposición para hacer convivir a distintas maneras de expresarse con el cuerpo, y sobre las mismas tablas, se volverá a materializar en la doceava edición de Despertares, en el Auditorio Nacional el 29 de agosto.
Lo que comenzó como una apuesta por acercar el ballet clásico a públicos más amplios evolucionó hacia otra ambición: construir una plataforma capaz de reunir formas distintas de entender el cuerpo y el escenario sin sacrificar exigencia artística.
“Para mí Despertares se trata de defender la excelencia en el escenario”, resume Hernández al hablar del criterio curatorial que hoy define al encuentro. “En general el escénico es un mundo muy fragmentado, donde hay muy pocas conversaciones entre disciplinas. Cuando me di cuenta de eso me pareció muy limitante y casi una injusticia para las artes, pero también para el público”.
Una selección diversa
Y es que la edición a realizarse de Despertares tendrá una selección muy bien curada de los ejecutantes más destacados de la danza en toda su amplitud: se presentará el bailarín, ilustrador y artista visual Kristián Mensa, conocido como Mr. Kriss, y elogiado por su fusión entre el breakdance con danza experimental y movimiento contemporáneo.
Lo propio hará el neozelandés Bayley Taps, una estrella del tap dance, quien se ha distinguido por su estilo energético, gran presencia escénica y forma creativa de reinterpretar el género.
Asimismo, el propio Hernández reconoce que buscará trascender sus límites con una pieza que ejecutará por primera vez: “Sinatra Suite”, una coreografía hecha por Twyla Tharp para Mikhail Baryshnikov, que tiene un alto grado de exigencia.
“Hay que programar desde cero el lenguaje, el estilo y dentro de esa programación buscar también cómo hacerla propia y poner parte de ti”, declara Hernández sobre la coreografía a estrenar en Méxicio.
Calcula que memorizar una obra de 15 minutos, como la que presentará, puede requerir entre 10 y 15 horas de aprendizaje inicial, seguidas por lo menos de otras 30 horas de ensayo para pulir intención, estructura y presencia escénica.
Confiar en el público
Pero si existe un protagonista silencioso en el relato de Despertares, ése es el público. Hernández recuerda que cuando el proyecto comenzó solía pensar que el objetivo era educar espectadores para que aprendieran a apreciar meramente el ballet.
Pero descubrió que muchas personas llegaban sin conocer necesariamente a los grandes nombres invitados ni distinguir escuelas o repertorios, pero sí identificaban cuando había autenticidad y excelencia ejecutadas sobre el escenario.
“Muchas veces en México se comete el error de menospreciar al público de la danza (…) creyendo que no va a entender. Y ése es un error muy grande. Creo que hay que confiar en el público y también hay que respetar su criterio”, señala.
Para el ganador del Premio Benois de la Danse de 2018, uno de los cambios más importantes ha sido comprobar que el espectador mexicano está dispuesto a asumir riesgos estéticos si percibe que existe una propuesta genuina detrás.
Pero Hernández también observa una división cultural que resulta persistente: quienes consideran que el ballet sólo debe habitar espacios institucionales y quienes sienten que esos lugares no les pertenecen. Dice que Despertares intenta ocupar el territorio intermedio.
En un ecosistema donde la danza concentra apenas una pequeña fracción del consumo total de entretenimiento, insiste en que el reto no consiste únicamente en producir más, sino en construir experiencias capaces de transformar la relación entre personas y arte. En esa tarea, sostiene, el público mexicano demostró estar listo para mucho más de lo que se le concede.
