El silencio ha sido el mejor aliado de Florentino Pérez durante años. Lo ha sabido utilizar con habilidad para dotarse de un halo misterioso, un mecanismo habitual de los grandes personajes o de aquellos que pretenden serlo. La rueda de prensa convocada por el presidente del Real Madrid fue desde ese punto de vista una inmolación mediática. El mandatario compareció solo, probablemente sin dejarse aconsejar por nadie, en una sala de una enormidad que le empequeñecía, sin un guion prestablecido, alterado, peleado con sus propios papeles y su móvil, y repitiendo un mantra de obsesiones que, quienes le conocen bien, han escuchado de él siempre en privado, pero nunca en público. Ahí radica el monumental error comunicativo de Florentino, figura tan respetada como temida, expuesta sin red precisamente porque nadie se atreve a desplegarla.
