Un aire acondicionado se estropea y lo primero que piensas es en cuánto va a costar. Luego piensas si merece la pena repararlo o directamente cambiarlo. Y llega entonces la pregunta: ¿lo arreglo o compro uno nuevo? La respuesta casi siempre es la misma. No porque reparar no sea factible, sino porque muchas veces el precio de reparación se acerca peligrosamente al de compra.
