En la URSS comunista, el ajedrez era el deporte nacional y símbolo de la superioridad del hombre soviético frente al occidental. Tanta importancia se le otorgaba que el poder lo controlaba férreamente. Por eso, cuando Gari Kaspárov, de solo 22 años, autoerigido en rebelde, se proclama campeón del mundo al derrotar a su compatriota Anatoli Kárpov, los cimientos del Kremlin tiemblan. Sucedió el 9 de noviembre de 1985, año en que el reformista Gorbachov es nombrado secretario general del PCUS.
