En mi columna de abril sobre por qué la guerra en Irán no haría mella en la bolsa durante mucho tiempo ha provocado un sinfín de “sí, pero”: “Sí, pero ¿y si fracasan las negociaciones de paz?”; “sí, pero ¿no se encarecerá el petróleo por los peajes que impondrá Teherán?”; “sí, pero con este caos no es un buen momento para invertir”.
Me encanta esa reacción porque significa que el muro de las preocupaciones sigue en pie, algo positivo para los mercados alcistas. Veamos si estos argumentos tienen fundamento.
“Sí, la renta variable mundial se ha recuperado hasta alcanzar nuevos máximos y la mexicana no va muy rezagada, pero las inestables negociaciones de paz, la reanudación de los combates y el bloqueo de Estados Unidos podrían poner fin a esa racha”.
Las acciones han descontado la fragilidad del alto al fuego y, aun así, han subido. El bloqueo de Estados Unidos tampoco cambia mucho la situación. Las exportaciones diarias de petróleo de Irán antes de la guerra eran de solo 1.7 millones de barriles (principalmente, con destino a China) y han sido las más afectadas por el bloqueo.
Las alternativas al paso por el estrecho de Ormuz no han dejado de aumentar. Las ventas al exterior a través del oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí eran inferiores a los 800,000 barriles al día antes de la guerra, ahora rondan los 5 millones. En el puerto de Fuyaira de Abu Dhabi, las exportaciones se dispararon casi un 40% en marzo pese a los ataques de Irán. Incluso es posible que aumenten más con la salida de los Emiratos Árabes Unidos de la OPEP.
Además, fuera del Golfo Pérsico, también ha crecido la producción. La exportación de crudo estadounidense alcanzó cifras récord en abril y, como prueba de que las cadenas de suministro se están reorganizando, México está vendiendo crudo a Japón por primera vez en años. En Estados Unidos, la producción de gas natural se acerca a sus máximos históricos anuales, y no solo abastece a México, sino también a países afectados por la interrupción de los envíos desde Catar.
“Sí, pero la imposición de peajes por parte de Irán disparará los precios del petróleo a la larga”.
Se teme que Irán cobre un dólar por todos los barriles que pasen por el estrecho de Ormuz, es decir, alrededor de 2 millones de dólares (35 millones de pesos) por buque. Sin embargo, los costos marginales de producción del petróleo del Golfo Pérsico se sitúan en torno a los 20 dólares por barril, por lo que el efecto de sumarles un dólar sería escaso. Desde finales de abril, algunos buques han cruzado el estrecho sin pagar, entre ellos, dos petroleros con destino a Japón. En el caso de que los precios siguieran subiendo, solo espolearían el crecimiento de la producción mundial aún más. Como manda la ley de la oferta y la demanda, la expansión de la oferta no tardaría en presionar los precios a la baja.
“Sí, pero el petróleo ya está avivando la inflación en todo el mundo. Y, en México, podría obstaculizar cualquier recorte adicional de los tipos de interés”.
Es cierto que el leve descenso registrado por el IPC de México en abril va en contra de la tendencia mundial y que la tasa de inflación para abril fue del 3.8% interanual en Estados Unidos, y del 3% en la eurozona. Sin embargo, el repunte de los precios de la energía nunca provoca una inflación duradera; no ha ocurrido nunca y no sucederá ahora. En cambio, la creación excesiva de dinero siempre lo hace. En México, el incremento del agregado monetario M4 —indicador más completo de la oferta monetaria— es del 6.4% interanual (su nivel más bajo desde noviembre de 2022), y el de su homólogo estadounidense, del 5.8%. Estas cifras se alejan considerablemente del descontrolado 30% de mediados de 2020.
Mientras la oferta monetaria no siga subiendo, el alza de los precios de la energía simplemente obliga a bajar los precios de otros productos; en concreto, como sucede ahora, los de los artículos de lujo. Además, los recortes de tipos no impulsan a la renta variable tanto como se cree.
“Sí, pero yo esperaría a que vuelva la normalidad para invertir”.
La seguridad puede salirle cara, ya que los mercados no necesitan claridad para seguir avanzando. Por ejemplo, en 2022, el índice de la BMV tocó fondo el 30 de septiembre. La guerra de Ucrania se había recrudecido, en México, la inflación estaba por las nubes (8.7% interanual), Banxico y la Reserva Federal de Estados Unidos subieron los tipos y, como consecuencia de todo ello, cundió el pesimismo. Sin embargo, las bolsas fueron las primeras en recuperarse. Y así sucede siempre.
“Sí, pero ¿y si todo vuelve a cambiar a partir de mañana?”.
Podría pasar, pero los mercados no se inquietarán con los datos diarios. Por lo tanto, amplíe su perspectiva, como hacen los mercados. No confunda la inversión activa con la reactiva, pues los mercados no tardan en descontar las noticias.
En definitiva, celebremos los “sí, pero” porque abonan el terreno para que se produzcan sorpresas positivas e impulsan la continuación del mercado alcista.
