El gobierno siempre optó por minimizar la probabilidad de que el T-MEC no se extendería. Ebrard sostenía con optimismo que siempre quedaba la posibilidad de ampliar mercados y socios como China y otros países asiáticos. El secretario de Economía basó gran parte de su estrategia negociadora en que conocía muy bien a Trump y que “sabía manejarlo”. La realidad es que ni Sheinbaum ni Ebrard supieron cómo enfrentar la indiferencia y hostilidad de Trump hacia el acuerdo comercial. Faltó experiencia y pericia negociadora.
Con la no extensión del T-MEC, nuestro marco de comercio exterior se modifica. Ya no debemos pensar en el paradigma de libre comercio que estuvo vigente desde 1994. Las revisiones anuales serán intensas y difíciles, dados los temas que para Estados Unidos son prioritarios. Son temas que ya estuvieron en la mesa de pláticas, pero en los que ahora EU quiere ver resultados contundentes. Por ejemplo, está lo que consideran como persistentes desequilibrios comerciales. Sostienen que el Tratado no ha reducido suficientemente su déficit comercial y que existen áreas donde desean renegociar reglas para fortalecer la producción y el empleo manufacturero dentro de EU.
Otro tema para la revisión anual está relacionado con la política industrial estadounidense, que ha evolucionado hacia un mayor proteccionismo económico. Programas de subsidios, incentivos fiscales y políticas para relocalizar cadenas de suministro buscan fortalecer la producción doméstica, especialmente en sectores considerados estratégicos como el automotriz, los semiconductores, el acero y las tecnologías energéticas. Imponer aranceles será parte de ese entramado.
Asimismo, seguirán presionando acerca de diversas preocupaciones respecto a la política energética mexicana, las reglas de origen de la industria automotriz, los mecanismos laborales y diversos temas regulatorios.
Por otro lado, EU incluirá temas políticos para vincularlos al comercio en la agenda bilateral. Veremos la inclusión de migración, seguridad y lucha contra el narcotráfico. Por ejemplo, analistas políticos opinaron que la negativa de extraditar a Rocha Moya pesó en el ánimo de Trump para no extender el T-MEC. Esto requiere tener una visión integral de temas y mantener una estrategia diplomática activa con cabildeos.
Aunque el Tratado continúa plenamente vigente, la falta de una extensión inmediata por varios años genera incertidumbre que causa una disrupción a las cadenas de valor y afecta las decisiones de inversión de largo plazo. Las empresas multinacionales realizan inversiones industriales considerando horizontes de entre 15 y 30 años. Una planta automotriz, una instalación petroquímica o un complejo de semiconductores requieren certidumbre jurídica durante varias décadas. Si el Tratado solamente tiene asegurada su vigencia hasta 2036, con revisiones anuales que pudieran modificar lo que ya está vigente y con un sistema judicial deficiente, los inversionistas podrían cancelar o posponer proyectos. Ya lo vimos con la planta de Toyota, que se mudará a Texas.
Ante este nuevo marco comercial, en un contexto de revisiones periódicas, el reto para México es la reimplementación de políticas públicas dirigidas a crear confianza para la inversión. Sólo así América del Norte podrá ser una de las regiones más integradas y competitivas del mundo.
