Recientemente el IMCO (Instituto Mexicano para la Competitividad) publicó el Índice de Competitividad Urbana (ICU) 2026 en el que se evalúan a 72 zonas metropolitanas de México, las cuales albergan al 62% de la población y generan entre el 80% y 90% del Producto Interno Bruto del país.
Aunque se observaron mejoras en conectividad digital, servicios básicos y autonomía fiscal dentro de los subíndices de Infraestructura y Sistema político y Gobiernos, la competitividad general se ha visto frenada por un crecimiento económico que continúa a la baja (el promedio cayó de 4.1% a 2.4%), así como la intensificación de la violencia y altos niveles de percepción de corrupción.
Las ciudades con mayor competitividad en sus respectivos rangos son: Querétaro (1°), Guadalajara (2°) y Hermosillo (3°) para las urbes de más de 1 millón de habitantes. Puerto Vallarta (1°), Tepic (2°) y Veracruz (3°) para las de 500 mil a 1 millón de personas. La Paz (1°), Monclova-Frontera (2°) y Nuevo Laredo (3°) para las de 250 mil a 500 mil. Delicias (1°), Piedras Negras (2°) y Ocotlán (3°) para las de menos de 250 mil.
Las urbes más competitivas comparten factores como un mercado laboral formal con alta productividad, un entorno seguro y un gobierno local con autonomía fiscal. En contraste, las más rezagadas sufren de alta informalidad, por ejemplo Tapachula o Tlaxcala, violencia severa, por ejemplo Acapulco, así como debilidad fiscal o institucional, por ejemplo, Tijuana.
Y es quizás en el caso de Baja California donde podríamos enfocarnos, por su carácter ejemplar.
Basándonos en los datos del ICU del IMCO, el estado de Baja California cuenta con tres ciudades evaluadas en distintas posiciones y categorías de población: Mexicali, Tijuana y Ensenada. Mexicali se ubica en el lugar 13 de la tabla entre las ciudades de más de un millón de habitantes, estos es su nivel de competitividad es media alta. Por otro lado, Tijuana se ubica en el lugar 20 entre el mismo tipo de ciudades, es decir su nivel de competitividad es media baja. Finamente, Ensenada se ubica en el lugar 13 entre las ciudades de 250 mil a 500 mil habitantes, con un nivel de competitividad media baja.
El reporte señala específicamente al Estado de Baja California como uno entre los que se han registrado menor avance en credibilidad institucional.
A nivel general, el documento destaca que las ciudades de la frontera norte integradas a las cadenas globales de manufactura tienden a consolidar mercados laborales formales y productivos. Sin embargo, en el caso específico de Baja California, temas como la percepción de corrupción y la gestión institucional (particularmente en Tijuana) actúan como importantes frenos para alcanzar los niveles de competitividad “Alta” o “Muy Alta” que tienen otras urbes norteñas como Saltillo, Monterrey o Hermosillo.
La triste conclusión es que aún con sus fortalezas económicas, los dos gobiernos estatales sucesivos de Morena y los tres sucesivos de los ayuntamientos, han deteriorado la estructura competitiva de Baja California.
No sería mala idea que los próximos gobiernos de la entidad le hicieran caso al IMCO cuando sugiere al menos tres remedios: la diversificación de la economía, la formalización laboral y la modernización de la fiscalidad local. Pero muchas cosas más se tendrán que cambiar en la filosofía política de los gobernantes si nuestras principales ciudades quieren ser competitivas a nivel mundial.
