Con el Mundial, y sin minimizar a los héroes consolidados de la generación millennial, como Messi o Cristiano Ronaldo, los Aquiles y los Héctores de hoy, los potenciales héroes épicos pertenecen a la gen-Z.
Las y los centennials están ganando los torneos de tenis, destacan en las finales de la NBA y generan grandes expectativas en esta Copa del Mundo masculina de la FIFA, desde Lamine Yamal, de España, hasta Gil Mora, de México. La gen-Z es la que ahora atrae los reflectores globales.
¿Por qué, entonces, es una generación tan estigmatizada? Entre las diversas etiquetas que se le han puesto están la de generación frágil o la de generación ansiosa (término empleado por Jonathan Haidt en su libro de igual título).
En el reciente torneo de tenis de Roland Garros, una historia tipo Cenicienta giró en torno a Maja Chwalińska, quien estuvo fuera de las competencias cerca de un año por razones de salud mental.
Los campeones del certamen, Mirra Andréyeva y Alexander Zverev, se acompañaron de sus respectivos perritos en la sesión de fotos tras la ceremonia de premiación. Todo eso, en vez de verse como un detalle muy humano, hay quienes lo ven como una debilidad.
Los movimientos llamados gen-Z que hubo hace algunos meses en contra de autoridades y gobiernos replantearon a la nueva generación como una impactante fuerza política. Pero la estigmatización generacional no ha cesado.
Por ejemplo, la revista The Economist dedica la portada de su número de la semana pasada a algo que llaman gen-Z Socialism, “la nueva marca de izquierdismo hecha para la era TikTok y que apoyan los jóvenes revolucionarios de hoy”, según se explica en el artículo. No se trata de una etiqueta positiva, sino de un estigma más.
Debido a las particularidades y diferencias en sus valores y aspiraciones, la generación Z se volvió el principal protagonista colectivo de mi libro La evolución cultural en México (Banamex, 2025), y ahí expresé mi admiración por esta generación que llevará las riendas de las instituciones en unos años más, pero que ya está conquistando importantes áreas de la vida, incluidas las deportivas mencionadas anteriormente.
Apenas en sus inicios, tenistas como Jannik Sinner o Carlos Alcaraz ya se señalan entre los grandes de los grandes, mientras que futbolistas como Yamal, de quien se espera mucho en este Mundial, también. Pero, a pesar de ser los nuevos héroes épicos, su generación tiene mala fama.
Con la curiosidad de las encuestas, me di a la tarea de ver qué opina la gente en México acerca de las generaciones actuales. Y el resultado es casi el esperado: la generación Z es la que se percibe más negativamente.
La generación de baby boomers captó 82 por ciento de opinión favorable, mientras que la generación X la superó ligeramente con 84 por ciento. Por su parte, la generación millennial obtuvo 79 por ciento de opiniones buenas o muy buenas y, por debajo de todas, se ubicó la generación Z, con apenas una mayoría de 52 por ciento, muy por debajo de las otras generaciones, pero con un 26 por ciento de opinión negativa. En eso, ninguna otra generación pasa de 10 por ciento.
La mala imagen de la gen-Z la expresan las tres generaciones previas casi por igual, aunque se acentúa entre los baby boomers, los más críticos de la gen-Z.
Parece injusto, pero algo ha sucedido con la narrativa en torno a la gen-Z.
En el Mundial de la FIFA se ha puesto énfasis en “el último baile” de algunos jugadores y en su inminente retiro, Memo Ochoa incluido. Pero mucha de la expectativa gira en torno a los jugadores jóvenes, los nuevos talentos, los centennials.
Veremos si con sus proezas la narrativa cambia. Pero, hasta ahora, la gen-Z padece de una injusta estigmatización.

