Enzo Bearzot, antiguo seleccionador italiano, decía que no tenía sentido que, después de jugar durante 120 minutos, un partido de fútbol tuviera que decidirse con una tanda de penaltis. Como presidente de la UEFA, Michel Platini también intentó cambiar el reglamento para evitar que se impusiera un desenlace que él calificaba de “injustamente artificial”. El sábado, en cambio, la tanda de penaltis de la final PSG-Arsenal fue el único elemento digno de ser recordado tras dos horas de fútbol tacaño, obsesivamente defensivo, gobernado por la idea reaccionaria de esforzarse más en no perder que en ganar. ¿Qué recordarán, para bien y para mal, los aficionados del PSG y del Arsenal? El desenlace de los penaltis.
