En la zona noble y en el palco, ese teatro paralelo en el que el tenis se comenta más que se juega, la tarde se abría ayer con una alineación que parecía tejida por un buen productor. Sin Alcaraz en la pista y a la fuerza vacía durante demasiado tiempo (o en todo caso más del que son capaces de soportar aquí los habituales), la llegada de Antonio Carmona puso el ritmo; la de Lucrecia, la luz, y la de Gerard Jofra, aunque pueden llamarle Reugenio, la dosis perfecta de chiste agudo con voz de tabaco. Encendiéndose un cigarrillo imaginario para hacer más rápida la espera contaba que pronto (en unos días) se cumplirá el 25 aniversario de la muerte de su padre y que ya está planeando dónde y cómo hacer algo para recordarlo. Seguramente será en Luz de Gas, decía, interrumpido entre peticiones de algún “Saben aquell que diu..” nuevo.
