Veinticuatro horas después del PSG-Bayern y su oda al fútbol, el Atlético de Madrid-Arsenal fue una oda al penalti, el único lance que puede cambiar la vida de un partido en un instante, como si fuese un accidente de tráfico inesperado. Gracias a dos penaltis de esos que un día se pitan y otros no, como el picante y los pimientos de Padrón, y un vicepenalti revisado por el VAR, la semifinal de las clases subalternas fue un partido vibrante, escrito en prosa, eso sí.
