Zohreh lleva en su mano una almohada llena de polvo: “es de mi hija”, dice al señalar que está cubierta con una funda con impresiones de la cenicienta. Minutos antes la recuperó de dentro de los escombros de lo que fue su casa hasta la madrugada del martes 7 de abril, cuando un misil impactó en su edificio en el centro de Teherán, junto a una sinagoga de la capital iraní. El objetivo, se rumorea en la calle, era uno de sus vecinos que pertenecía a la Guardia Revolucionaria.
Internacional “No creo que se haya acabado la guerra, ni me importa, mi vida es miserable”
“No creo que se haya acabado la guerra, ni me importa, mi vida es miserable”
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