“Fue una injusticia futbolística”, contaban desde las oficinas del Spotify Camp Nou el día después de la dolorosa eliminación de la Champions en el Metropolitano. La sensación en el club se asemejaba a la del curso pasado, cuando el Barcelona se quedó con la miel en los labios de disputar la final de la máxima competición continental tras caer de forma cruel frente al Inter de Milán. Esta vez, la eliminación se fraguó en unos cuartos de final en los que los detalles futbolísticos, emocionales y arbitrales decantaron, a su parecer, la balanza a favor del conjunto colchonero.
