Parecía un gigante jugando contra un niño. Al argentino Juan Manuel Cerúndolo le estaba cayendo la paliza de rigor. Un día más en la oficina. Jannik Sinner camino de su victoria consecutiva número 31. Dos sets y 5-1 arriba y el partido a un suspiro de terminar en la Phillipe Chatrier. Pero, de repente, un fundido a negro. Sinner que empieza a quejarse, en principio de la cadera. Sinner que comienza a respirar mal. Y Sinner que pierde punto tras punto hasta que con 5-4 y 0-40 y, visiblemente mareado, pide salir temporalmente de la pista en busca de un respiro. “Debo vomitar”, le dice a la juez de silla.
