Ante las escuelas italianas, esta mañana, las caras de los chavales eran de puro desconcierto. Hay toda una generación que nunca ha visto a Italia en un Mundial. La gloria y las cuatro estrellas que brillan en la camiseta azzurra empiezan a ser arqueología: la selección no volverá a jugar un Mundial hasta 2030 y lleva 20 años sin alcanzar unos octavos de final. Luego derrotas, fiascos, polémicas y el pantano. “¿Por quién animamos este año?” es la pregunta penosa de un país ya acostumbrado a ver los Mundiales con interés y distancia, como si fuera la NBA.
