El ajedrez siempre será mi amo”, sentenciaba el moscovita Alexander Alekhine, dos veces campeón del mundo de ajedrez. Autodidacta, maestro a los 16 años y gran maestro a los 22, encarnizadamente feroz en el juego, fue el protagonista de una azarosa existencia: alcohólico, tuvo cuatro esposas y vivió las dos guerras mundiales y la revolución en su país para acabar convertido en títere de los nazis a su pesar y tildado de espía. Se dice que Trotski le libró de morir tras ser derrotado por él en una partida. “Alekhine está condenado a ganar”, escribió en su diario.
