Como había hecho tantas veces en el pasado con Lionel Messi, el sempiterno delegado barcelonista, Carles Naval, se dirigió al final del encuentro a buscar el balón. Lo recogió y se lo entregó a Lamine Yamal, para que el chico se llevara a buen recaudo la pelota de su primer hat-trick , un triplete más precoz del que consiguiera 19 años atrás el genio argentino. El crack de Rocafonda acarició el esférico y fue a la primera línea de la grada, donde se encontraba su madre. Se abrazó con ella antes de ingresar en el vestuario para que sus compañeros le firmaran el balón del encuentro. Por la noche, radiante, acudió a cenar al restaurante Gaudim de Barcelona, uno de sus sitios favoritos para saciar su apetito. Está cumpliendo con el Ramadán y ya dijo tras el encuentro que estaba hambriento. Lo colgó él mismo en sus redes sociales tras un periodo en que ha estado menos activo en su exposición pública, limitándose a episodios relacionados con su faceta como futbolista, lejos de las ínfulas de celebrity de principios de temporada.
