A las 13.20 de ayer, el Paseo de La Habana de Madrid, desde donde se ve uno de los frontales del Santiago Bernabéu, era una balsa de aceite derretida por un sol impropio de febrero. Las colegialas caminaban con su uniforme, el tráfico era escaso y reinaba la paz. Hoy, a cualquier hora, la tensión se cortará con un cúter, porque este Real Madrid-Benfica se ha convertido, por lo que ha rodeado a Gianluca Prestianni, en el partido más volcánico de la actual Champions. La vuelta de Mourinho al Bernabéu ha acabado siendo las patatas fritas del plato principal.
