¿Vieron la entrevista de Elon Musk en The Economist? El hombre más rico del mundo presenta una visión del futuro que pretende ser optimista, pero es aterradora. En los próximos 10 años, los humanos no tendrán más el control. La inteligencia artificial y los robots podrán hacer todo lo que los humanos hacen ahora, “excepto ser humanos”.
No veo forma de evitar que eso pase, dice el magnate a Zanny Minton Beddoes, la editora en jefe de The Economist. Hay que darse cuenta de la rapidez de los avances que está habiendo con IA y robots, dice Musk. La IA está acelerando los cambios en el mundo digital y los robots, en el mundo de los átomos.
La competencia mundial se definirá por dos cosas, dice el fundador de Tesla y SpaceX: el acceso a los mejores semiconductores y la disponibilidad de energía eléctrica. En el primer aspecto, Estados Unidos mantiene una ventaja sobre China que se ha ido estrechando. En lo relativo a electricidad, China es claramente superior. Su capacidad de generación eléctrica es mayor que la suma de las capacidades de Estados Unidos, Europa e India.
¿Cuál es el lugar de México en ese mundo que imagina Elon Musk? La duda mata, porque estamos en un escenario donde hemos logrado cosas interesantes en manufactura gracias a una mano de obra que es altamente competitiva, pero nos encaminamos a un futuro donde gran parte de los trabajos de las fábricas serán hechos por robots. Para alimentar el optimismo, hay que tener en cuenta que México está en el noveno lugar global en instalaciones de robots en fábricas y es el primer comprador de América Latina, según la Federación Internacional de Robótica.
Leí con atención el informe sobre México de Mariana Mazzucato y algunos de los comentarios que se hicieron sobre el mismo. Trato de frotarlo con el video de The Economist para ver si se produce una chispa. ¿Cómo evitar que los robots y la IA nos atropellen? ¿Qué hacemos con las restricciones presupuestales, la falta de coordinación institucional y una visión gubernamental que, por momentos, parece anclada en algún lugar del siglo XX?
La competencia por el futuro dependerá de la investigación y desarrollo y de la capacidad de generación eléctrica, según Musk. Podemos añadir: la competitividad requiere resolver la disponibilidad de agua; seguridad pública y jurídica. Tener infraestructura de calidad, sistemas de salud, escuelas y mercados financieros que funcionen.
Volvamos al diálogo de Elon Musk con Zanny Minton Beddoes. Fue performativo y nos entrega frases que pueden servir como despertadores. En 10 o 15 años tendremos una bonanza porque la capacidad de producir bienes y servicios será cuasi infinita y no necesitará personas que trabajen. ¿Cómo transitaremos de la polarización actual a ese Nirvana?, le pregunta la periodista sobre los riesgos sociales de ese proyecto. Las respuestas de Musk al respecto son vagas. ¿Cómo pagarán las personas por toda esa oferta infinita que estará disponible? No se necesitará dinero, dice el hombre que tiene una fortuna que vale un poco más de 700,000 millones de dólares a fines de julio de 2026. El gobierno puede hacerse cargo de repartir recursos.
¿Qué pasará con los países en vías de desarrollo… con aquellos que no tienen recursos para subirse al tren de los cambios que se darán en la próxima década? Musk no explica y Minton Beddoes no se preocupa por preguntar. Hablan de Estados Unidos, Inglaterra, Europa, China…
En México, la conversación está dominada por el análisis de los balbuceos de Marina del Pilar; el futuro de Rubén Rocha; las tensiones con Estados Unidos y la cirugía mayor al T-MEC. En estos momentos, se habla mucho de IA en el contexto de las muy probables trampas en el examen de ingreso a la UNAM. Los robots no figuran en nuestras conversaciones, sino como algo exótico, pero hay casi 60,000 robots trabajando en México. Los modelos Made in China enfocados en el aprendizaje de IA cuestan el equivalente a 6,000 dólares. Robots industriales de medio cuerpo se pueden adquirir por 17,000 dólares. Las versiones estadounidenses cuestan como un coche de lujo, entre 120 y 145,000 dólares.
Todos los caminos llevan a una aceleración de la IA, dice Musk. Hubo un momento en el que pensé que era posible reducir la velocidad, pero me di cuenta de que eso era imposible, explica. ¿Qué tan optimista o pesimista se encuentra? En un mismo día, hay momentos en que pienso en todo lo positivo y otros momentos en los que veo todos los riesgos… Hay un 20% de probabilidad de que esto salga muy mal. Nos toca trabajar en minimizar esa probabilidad, dice el multimillonario. No creo que sea un trabajo de los gobiernos. “Pienso más bien en reuniones de los líderes de las principales empresas, personas que de verdad entienden lo que está pasando en la frontera de la IA y que podrían entender mejor cuáles son y dónde están los verdaderos riesgos”.

