Empieza la rebatinga. Banderazo de salida en Morena y aliados para la competencia por las candidaturas rumbo a la elección del 2027.
Las más anheladas serán evidentemente las 17 gubernaturas, pero además se renueva la Cámara de Diputados en su conjunto, muchos congresos locales y cientos de alcaldías.
Un enorme pastel político en disputa para mantener posiciones de poder y control en el caso de Morena, y para arrebatarle algunas posiciones en el caso de la oposición.
Será un proceso con sus desafíos internos. Principalmente por el rol, cada vez más independiente y desafiante que el PT y el Verde desempeñarán frente a Morena. Los aliados quieren más y así lo han hecho sentir.
Están claros en que podrán presentar candidatos independientes de la alianza, aunque habrá que esperar a ver bajo qué condiciones y costos.
Ayer se anunció un acuerdo político entre los tres para definir precisamente las reglas, premisas y puntos comunes sobre los que trabajarán, y en los cuales se permitirán algunas diferencias.
Empezó ya la catarata de solicitudes de licencia en el Senado y la Cámara, así como a diferentes puestos estatales y de gobierno.
Será la gran prueba para Claudia en la operación “total” del proceso electoral. Y la primera pregunta es si ella va a definir todas las listas, aspirantes, puntos de la alianza y curso general del proceso.
La prueba de fuego para Morena es la unidad, el mantenimiento no sólo de la alianza partidista —cada vez más cara y retobona—, sino sobre todo evitar deserciones y éxodos de aquellos a quienes la ruleta de la decisión no resulte favorable.
Y ahí están tal vez los mayores obstáculos para la presidenta como jefa de partido gobernante y centralizador. ¿Cómo va a procesar a los rebeldes? ¿Qué va a hacer con los que rompen los principios por ella establecidos: no consanguinidad de primera línea, no antecedentes legales, no reputación turbia y de trayectoria dudosa? Hay muchos casos; tal vez Félix Salgado Macedonio sea el más notorio, pero no el único.
Está el caso de la muy rebelde Andrea Chávez en Chihuahua, respaldada por Adán Augusto López, quien entendió el mensaje de disminuir su perfil para evitar problemas con la justicia. Están los casos de San Luis Potosí, Guerrero, Michoacán, Campeche y otros varios que van a requerir horas extra de negociación política.
Claudia no es Andrés Manuel y su estilo, forma y firmeza de decisión tienen matices diferenciados.
Los recientes movimientos en Morena apuntan a una correa de mando mucho más directa a Palacio con Ariadna Montiel y la misma Citlalli Hernández, aunque de las lealtades de esta última, pesan dudas en el círculo cercano a la presidenta.
¿Reportará a Palacio únicamente? ¿O lo hará primero a Tabasco y al aparato de los duros incondicionales de AMLO?
Por si faltaran temas, está la definición de los nuevos partidos. Tristemente, en este sistema autoritario y presidencialista fortalecido y resucitado por Morena, la última palabra la tendrá Claudia Sheinbaum. Será ella quien decida si serán uno, dos o ninguno los nuevos partidos que contendrán para el 2027.
La presidenta quiere obtener un resultado superior al de las elecciones intermedias de AMLO en 2021. Tanto en gubernaturas —no perder ninguna—, incluso arrancarle alguna a la oposición; ahí está el caso de Coahuila que ahora pretenden desconocer mediante recursos legales. Pero especialmente en alcanzar la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, meta enorme que se antoja difícil de alcanzar.
Lo cierto es que la popularidad de la presidenta (66% en la última medición) debiera alcanzar para impulsar candidaturas locales. El problema es que eso de la transferencia del respaldo popular no sucede en automático.
Los estrategas de Palacio buscan formas y caminos para que Claudia y su halo de eficiencia contribuyan a garantizar victorias en diferentes estados y municipios.
En el fondo, el proceso completo es una simulación por los mecanismos de los que Morena se vale para burlar la ley electoral y anticipar los procesos en cada rincón del país.
Los mentados coordinadores para la defensa de la 4T representan una farsa que antecede la designación de un candidato y le otorga ventajas de promoción personal y campaña adelantada. Todo un circo de Morena para amarrar lealtades y repartir dineros a mansalva.
Ayer se dio a conocer un padrón secreto que sirve para la repartición de “apoyos sociales” que alcanzan muchos miles de millones de pesos a discreción por el partido.
Inicia, pues, la pesadilla de la contienda electoral, 8 meses antes de que la ley vigente lo permita y autorice. Una opereta.
