Por mucho que nos prevengan acerca de los perjuicios del doomscrolling (consumo compulsivo de noticias negativas, angustiosas o raritas a través de dispositivos móviles) ayer fue un mal día para, como dirían los genios, dejar de esnifar pegamento. Cómo reaccionar si no ante la publicación de la elocuente fotografía que vincula al científico Stephen Hawking con el caso Epstein, superpuesta después a la casualidad ibérico-cósmica de la muerte del golpista Tejero justo el día en que desclasificaban los archivos secretos del 23-F, y finalmente solapada por la gran pancarta de “No al racismo” en el Santiago Bernabéu, un estadio del que desconocíamos (aunque celebramos) esa sensibilidad ante una de las peores lacras de nuestra sociedad.
