Las empresas son motor del empleo, la inversión y el desarrollo del país. Además de generar riqueza, aportan recursos públicos mediante el pago de impuestos que regresan a la sociedad en forma de servicios y programas sociales. En suma, constituyen uno de los principales pilares del progreso económico y social de México.
Hasta aquí todo suena muy bien. Sin embargo, la realidad que enfrentan quienes emprenden y hacen empresa dista mucho de ese ideal. Especialmente las micro y pequeñas empresas, que representan el 94% de las unidades económicas y generan poco más del 70% del empleo formal, enfrentan un entorno cada vez más complejo para mantenerse en operación.
Ese pequeño negocio que apuesta todos los días por su comunidad, genera empleo y cumple con sus obligaciones, en muchas ocasiones termina cerrando sus puertas o abandonando la formalidad.
Para dimensionar esta situación conviene revisar los datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), correspondientes a julio de 2026, último dato disponible al momento de escribir esta columna. El registro muestra 1 millón 15 mil 100 patrones, lo que representa una disminución superior a 26 mil registros patronales respecto al mismo periodo de 2025.
Esta reducción ha llamado la atención de analistas, especialistas y organismos empresariales, quienes han planteado diversas propuestas para revertir esta tendencia. Por su parte, el IMSS ha explicado, mediante notas técnicas, que parte de esta disminución obedece a procesos de regularización y actualización administrativa, y no necesariamente al cierre de unidades económicas.
Si bien una parte de esta reducción puede atribuirse a dichos procesos de regularización, existen otros factores asociados al entorno económico que también están incidiendo en este comportamiento y que requieren atención. Ignorarlos significaría perder de vista un problema que se ha vuelto persistente.
Si ampliamos la mirada y analizamos el comportamiento desde 2024, observamos una pérdida acumulada superior a 57 mil patrones hacia 2026. A ello se suma que el Indicador de Confianza Empresarial del INEGI acumula 16 meses por debajo del umbral de los 50 puntos, mientras que la Formación Bruta de Capital Fijo, uno de los principales indicadores de la inversión privada, apenas registra cuatro meses con variaciones positivas en los últimos dos años.
La evidencia apunta en una misma dirección: las empresas mexicanas atraviesan un entorno complejo para invertir, crecer y generar empleo.
La reducción en el número de patrones no es un hecho aislado. Es un fenómeno multifactorial que rebasa los ajustes administrativos y refleja un contexto económico que exige respuestas coordinadas entre los tres órdenes de gobierno para fortalecer el desarrollo empresarial y proteger el empleo formal.
¿Todo va mal?
No necesariamente.
Si algo distingue al empresariado mexicano es su capacidad de adaptación, su resiliencia, su espíritu emprendedor y, sobre todo, su compromiso permanente con el desarrollo del país.
Con el ánimo de contribuir a que a México le vaya mejor, y con el espíritu propositivo que caracteriza a COPARMEX, comparto algunas acciones que surgen del diálogo permanente con las empresas que integran nuestra Confederación:
- Seguridad y Estado de derecho. Fortalecer la certeza jurídica y garantizar condiciones que brinden confianza a quienes invierten y generan empleo.
- Simplificación y digitalización administrativa. Reducir la carga regulatoria, eliminar duplicidades y facilitar el cumplimiento de obligaciones.
- Certidumbre regulatoria. Contar con reglas claras, estables y predecibles, particularmente en materia laboral y fiscal.
- Formación y vinculación laboral. Impulsar el desarrollo de talento que responda a las necesidades del mercado de trabajo.
- Formalización y financiamiento para las MiPyMEs. Crear condiciones que permitan a más empresas incorporarse y permanecer en la economía formal.
- Incentivos para invertir. Avanzar hacia la deducibilidad al 100% de las prestaciones otorgadas a las y los colaboradores.
Cuando disminuye el número de empleadores, el impacto va mucho más allá de una cifra administrativa. Se traduce en menos oportunidades para generar empleo formal, menor inversión productiva y menores posibilidades de desarrollo para millones de familias mexicanas.
Por ello, fortalecer la competitividad, impulsar la formalidad y proteger el empleo debe convertirse en una prioridad nacional. Lograrlo implica generar mejores condiciones para las empresas, porque cuando ellas crecen también lo hacen el empleo, la inversión y las oportunidades para México. #OpiniónCOPARMEX
