Aunque afortunadamente los tiempos hacen que evolucionemos, todavía hay quien confunde con frecuencia el carácter con la agresividad. Se aplaude el gesto desafiante, la provocación o la intimidación como si fuesen muestras de personalidad, cuando el verdadero carácter no consiste en expresar todas las emociones, sino en saber cuáles merecen ser manifestadas. Tener carácter no establece que uno tenga que ser frío, ni reprimir lo que siente. Significa que debemos gobernar las respuestas. Un deportista sin emociones difícilmente alcanzará la excelencia, pero tenemos que saber que un deportista dominado por ellas, tampoco. El verdadero carácter es aquel que aparece cuando la emoción deja de dirigir la conducta y pasa a convertirse en una herramienta al servicio del rendimiento.
