El agua es un bien escaso y codiciado. Lo saben bien los territorios que sufren sequías y que tienen que adaptar su consumo diario en función de las lluvias. No es solo un asunto que preocupe a países en vías de desarrollo. La Unión Europea sabe de la importancia de este recurso que, además, puede convertirse en un arma en caso de guerra. Un ejemplo es como Rusia ha destruido parte de la infraestructura hídrica de Kyiv, lo que ha forzado a Ucrania a buscar suministros alternativos.
Internacional La crisis climática obliga a la UE a pensar en el agua como conflicto
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