Durante décadas, la política de desarrollo regional en México se ha sustentado en una premisa aparentemente incuestionable: impulsar el crecimiento económico mediante inversión, infraestructura, industrialización y apertura comercial. Desde los programas de industrialización por sustitución de importaciones hasta el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y el actual proceso de relocalización productiva (nearshoring), el objetivo ha sido integrar territorios a los mercados nacionales e internacionales para elevar la producción, el empleo y el ingreso. Sin embargo, el contexto global ha cambiado radicalmente. La crisis climática, la escasez de agua, la degradación de ecosistemas y la pérdida de biodiversidad han puesto en evidencia que el crecimiento económico ya no puede concebirse al margen de los límites biofísicos del planeta. En este contexto, el trabajo reciente de Xuefeng Hu, Planetary Boundaries as Spatial Constraints: Rethinking Development under Ecological Limits, ofrece una perspectiva particularmente útil para repensar el desarrollo regional mexicano. Su planteamiento central es que los límites planetarios deben entenderse como restricciones espaciales concretas que condicionan las posibilidades de desarrollo de cada territorio.
Esta visión obliga a replantear buena parte de los paradigmas tradicionales del desarrollo regional en México. La teoría tradicional del desarrollo regional ha puesto énfasis en factores como: Infraestructura, capital humano, innovación, inversión productiva, integración comercial y competitividad territorial.Sin embargo, estos enfoques suelen asumir implícitamente que los recursos naturales son abundantes o sustituibles. Hu argumenta que esta visión resulta cada vez más problemática debido a que la economía mundial opera dentro de un sistema ecológico finito. La disponibilidad de agua, la estabilidad climática, la biodiversidad y la capacidad de absorción de contaminantes ya no constituyen simples variables ambientales; se han convertido en factores determinantes del potencial de crecimiento económico. Para México esta observación es especialmente relevante. El país enfrenta simultáneamente: estrés hídrico creciente, desertificación en amplias zonas del norte, vulnerabilidad ante fenómenos climáticos extremos, degradación forestal y pérdida acelerada de biodiversidad.
Por ello, la pregunta central del desarrollo regional ya no debe ser únicamente, cómo crecer más, sino cómo crecer dentro de los límites ecológicos de cada territorio. Uno de los aportes más importantes de Hu consiste en reconocer que los límites planetarios poseen una expresión territorial diferenciada. No todas las regiones enfrentan las mismas restricciones. El Norte de México, enfrenta un crecimiento bajo escasez hídrica, estados como: Nuevo León, Coahuila, Chihuahua, Sonora y Baja California concentran buena parte de las exportaciones manufactureras del país. Sin embargo, estas entidades presentan algunos de los mayores niveles de estrés hídrico de América Latina. La llegada masiva de inversiones asociadas al nearshoring plantea una contradicción evidente: la región más atractiva para la industria es, al mismo tiempo, una de las más vulnerables desde el punto de vista ambiental. Desde la perspectiva de Hu, el agua debe ser considerada una restricción estructural para la planeación económica regional.
Esto contrasta con el Sur-Sureste: riqueza ecológica y rezago económico, estados como: Chiapas, Oaxaca, Campeche y Quintana Roo, concentran una parte significativa de la biodiversidad nacional. Paradójicamente, también registran algunos de los mayores niveles de pobreza. La política regional tradicional ha interpretado esta situación como una insuficiencia de industrialización. Sin embargo, la propuesta de Hu invita a formular una pregunta distinta: ¿Es posible construir ventajas competitivas basadas en la conservación de ecosistemas, los servicios ambientales y la economía verde? La respuesta podría definir el futuro económico de la región.
La región del Bajío se ha consolidado como uno de los principales corredores manufactureros de México. Estados como: Guanajuato, Querétaro, San Luis Potosí y Aguascalientes han experimentado una rápida expansión industrial. No obstante, el crecimiento futuro dependerá cada vez más de la disponibilidad de energía limpia y de infraestructura resiliente al cambio climático. La competitividad ya no dependerá exclusivamente de costos laborales o proximidad a Estados Unidos, sino también de la capacidad para reducir emisiones y cumplir estándares ambientales internacionales.
Se requiere una política regional compatible con los límites planetarios, la principal implicación de la propuesta de Hu es que la política regional debe incorporar explícitamente los límites ecológicos en la toma de decisiones. Esto implica construir una nueva generación de instrumentos de planeación. Aquí enumeramos algunos. Es necesario elaborar presupuestos ecológicos regionales, es decir cada entidad federativa debería contar con indicadores de: disponibilidad de agua, emisiones de carbono, calidad del aire, conservación de biodiversidad y un adecuado uso de suelo. Estos indicadores deberían tener un peso equivalente al PIB o al empleo en los procesos de planeación. En esta perspectiva requerimos un ordenamiento territorial productivo. La localización de nuevas inversiones debería considerar: huella hídrica, consumo energético, vulnerabilidad climática, e impacto sobre ecosistemas. No toda actividad económica es compatible con cualquier territorio.
Requerimos el desarrollo de industrias verde, México posee ventajas potenciales en: energía solar, manufactura de tecnologías limpias, hidrógeno verde, economía circular, movilidad eléctrica y servicios ambientales. Estas actividades podrían convertirse en nuevos motores de crecimiento regional. Es decir requerimos una planeación basada en resiliencia, es decir las regiones deberán prepararse para enfrentar: sequías prolongadas, inundaciones, olas de calor, e Interrupciones energéticas. Es decir la resiliencia debe convertirse en un objetivo central del desarrollo regional. La pregunta fundamental del desarrollo regional mexicano durante las próximas décadas no será únicamente dónde invertir o qué producir, sino cómo organizar el territorio nacional para prosperar dentro de los límites ecológicos disponibles.
