Quería platicar con usted de economía el día de hoy. Hay mucho que hablar de ello. Por ejemplo, el increíble dato de que durante marzo tuvimos una actividad de gobierno diez veces mayor a lo normal, lo que permitió que los servicios tuvieran un comportamiento suficiente como para evitar que el PIB mostrara una caída. Todavía más, gracias a ese dato, en lugar de tener un crecimiento casi nulo en comparación anual, de 0.1%, resulta que es del doble: 0.2%. La misma miseria, pues, pero ajustada.
También conocemos ya la balanza de pagos al primer trimestre, que incluye una inversión extranjera directa de 25 mil millones de dólares. Curiosamente, es exactamente el mismo monto del primer trimestre del año pasado, pero un poco menor al primero de 2024. En cualquier caso, la inversión nueva fue de apenas 1,700 millones de dólares. Es interesante notar que en los últimos cuatro años el promedio de inversión nueva ni siquiera llega a esa cifra, y es la más baja en este siglo, incluso considerando los años de la Gran Recesión. Los que ya están, aquí siguen, pero no llega nadie más.
El comportamiento del sector externo es muy importante, porque la economía interna está en ruinas, como usted sabe. Desde hace ocho años, lo único que realmente crece del consumo es la parte de bienes importados, en buena medida debido a que el tipo de cambio, controlado por el mercado global de divisas, no se mueve. En los casi ocho años y medio transcurridos desde septiembre de 2018, el consumo de bienes nacionales prácticamente no ha crecido nada, el de servicios promedia poco más de 1% anual, mientras los bienes importados han crecido 6% cada año.
Algo similar ocurre con la inversión, pero desde el Liberation Day de Trump, en abril de 2025, tenemos además un fenómeno extraordinario en el comercio exterior. No podemos incrementar la exportación de autos, pero estamos vendiendo manufacturas como locos. Conforme crecen esas exportaciones, crecen las importaciones de bienes intermedios. Dicho brevemente, y como ya habíamos comentado hace tal vez siete años, nos hemos convertido en un enclave. Nunca antes habíamos dependido tanto de Estados Unidos como hoy: en el consumo, en la inversión, en la producción. Todo, producto del gobierno soberanista, que no tiene la más remota idea de cómo guiar al país.
Pero precisamente por eso no puedo hablar con usted hoy de economía. Minutos antes de escribir esta pieza, me entero de que el señor Rocha Moya dice que ya habló con una agente del Ministerio Público. No sabemos dónde, ni cuándo, ni bajo qué reglas. Es más, no sabemos si es cierto. El caso es que ya se siente fuera de la presión, que ahora se ha incrementado sobre Maru Campos, gobernadora de Chihuahua, sobre la cual ya existe una demanda de juicio político, también aparecida en los últimos minutos.
Por si fuese poco, también fue aprobada en comisiones la reforma de Monreal que establece como causal de nulidad electoral la intervención extranjera, sin establecer qué significa eso. Puede ser un artículo de un columnista, una opinión en Twitter, o puede ser que efectivamente aparezcan las cuatro listas que Jorge Fernández Menéndez mencionó en su artículo del lunes. Todo es lo mismo para este movimiento excluyente, indisciplinado, voraz e incompetente que ya no encuentra cómo mantenerse en el poder.
Hoy que lea usted estas líneas, la Fiscalía intentará arrollar a la gobernadora de Chihuahua. Una funcionaria incapaz e ilegítima queriendo vulnerar la soberanía de un estado de la República. En plena desesperación, están agotando todas sus energías en infiernitos, como si el derrumbe del eje Habana-Caracas-Madrid no los golpeara por debajo de la línea de flotación.
Esto se acaba, le digo, pero el camino no se ve bonito.
