Por suerte, Hansi Flick y Marcus Rashford todavía no arrastran todos los vicios típicamente culés. El sábado, contra el Osasuna, contribuyeron a la victoria con un punto de vista casi tántrico de la consecución del título de Liga. Flick ha sabido administrar la ausencia de Lamine Yamal con sabiduría germánica, sin caer en pánicos y aspavientos psicodramáticos. El equipo no ha perdido la mentalidad de presionar desde el primer minuto y entender que, para ganarse el derecho a celebrar nada, antes hay que culminar el trabajo de hacer valer tus deberes.
