Caras desencajadas, brazos en las caderas, mirada perdida. O al suelo. Una mezcla entre incredulidad y miedo. Así acabó el Espanyol su penitencia en Vallecas, un partido que confirma el mal de ojo que está padeciendo este equipo en 2026, donde no ha ganado ni un partido y lo que antes eran vítores y purpurina se ha convertido ahora en tembleque. El equipo de Manolo González falló un penalti y vio como una acción individual de Sergio Camello cuando el partido llegaba a su último suspiro le dejaba en la lona mientras el viento comenzaba a soplar con fuerza por la calle Payaso Fofó. Recoge tempestades el Espanyol, metido en una encrucijada a falta de seis partidos (1-0).
