A comienzos de los 2000, Eduard Tornero empezó a coleccionar videoconsolas. Desde pequeño le gustaban los videojuegos, así que se propuso recuperar aquellas máquinas que había tenido en su infancia y las que no cayeron en sus manos. Al principio, lo hacía sin demasiado criterio, sin embargo, poco a poco empezó a leer y a documentarse y, ante él, se abrió todo un mundo de dispositivos que nunca habían llegado a España y que desconocía por completo.
