México tiene la segunda tasa de desocupación más baja de los países que pertenecen a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). En mayo de este año, México tuvo una tasa de desocupación de 2.7% de la población económicamente activa, en contraste con el promedio de la OCDE que fue 4.9%. Este dato sugiere que el mercado laboral mexicano debería ser la envidia de los países que forman parte de este organismo; la mayoría de ellos países desarrollados como Estados Unidos, Finlandia y Suecia.
¿Qué ha hecho bien México en este sentido? La verdad, nada. La desocupación incluye a personas que buscan trabajo activamente y que no se hayan ocupado ni una hora la semana anterior a ser encuestadas. La metodología es la misma internacionalmente; su significado local no. En México, la mayor parte de las personas que no han encontrado un trabajo, se ocupan de alguna manera para “sacar el día”. Esto las convierte en ocupadas. Si queremos entender realmente la situación del mercado laboral mexicano tenemos que ir más allá de la desocupación y analizar el resto de la información laboral que publica INEGI mes a mes.
Los últimos datos que tenemos para México son los de junio de este año. Estos muestran que el problema laboral de nuestro país no es que las personas no logren ocuparse, sino el tipo de ocupación. El principal problema de ocupación y que es bien conocido es el de la informalidad. El 55% de los ocupados en México pertenecen a la informalidad. Más allá del problema fiscal evidente en el que la recaudación depende de menos de la mitad de los trabajadores, el sector informal tiene baja productividad. Esto implica que los trabajadores en la informalidad tienen bajos ingresos y alto riesgo por la falta de prestaciones sociales.
Tal vez el indicador que mejor ilustra la baja calidad del empleo en México sea la tasa de condiciones críticas de ocupación. En este se incluye a personas que trabajan menos de 35 horas a la semana que quieren trabajar más tiempo; a las que trabajan más de 35 horas, pero ganan menos de un salario mínimo y las que trabajan más de 48 horas semanales, pero ganan dos salarios mínimos o menos. Esta tasa fue 38.5% en junio, es decir, 4 de cada 10 personas que trabajan en México no logran trabajar la cantidad de horas que quieren o trabajan muchas horas con un ingreso muy bajo.
Por último, la metodología de medición nos muestra un elemento, común a todas las economías, que también ayuda a contextualizar la necesidad de generación de empleo del país. Estos son los llamados disponibles para trabajar. Para ser clasificado como desocupado, se necesita estar buscando trabajo. Los disponibles para trabajar son personas que no están buscando trabajo, pero que sí aceptarían uno si se les presentara la oportunidad. Mientras que, en junio, había 1.8 millones de personas desocupadas, la cifra de los disponibles para trabajar ascendía a 4.7 millones de personas.
México no tiene un problema de desempleo; tiene un problema de empleo. La diferencia entre ambos es la que separa un dato de desocupación optimista por debajo del 3% de una realidad donde 4 de cada 10 trabajadores enfrentan condiciones críticas de ocupación. Mientras el país no invierta más, crezca más y abarate el costo de contratar formalmente, esa brecha seguirá creciendo.
