Ayer domingo, es decir hoy que escribo para usted, se llevó a cabo un evento organizado por el gobierno para celebrar dos años del triunfo electoral. Supongo que, como su predecesor y jefe, la señora Sheinbaum ofrecerá un refrito de las mañaneras, que no son otra cosa que una sarta de mentiras aderezada con ataques a sus críticos. Como ha ocurrido desde el sexenio pasado, estos eventos se realizan aunque no estén permitidos por la ley, que ya sabe usted que no es más que una sugerencia.
Seguramente habló este domingo acerca de lo bien que está la economía, que pocos días antes describió con 12 elementos: nueve de ellos verdades a medias, tres intenciones, y sólo uno que es cierto, pero está cerca de dejar de serlo: el incremento de ingresos de muchos hogares, merced a las alzas al salario mínimo y al reparto de dinero público. Esto segundo ha llegado ya al límite, y lo ha sobrepasado, poniendo en riesgo la calificación de la deuda.
Para poder comprar votos, el gobierno redujo al mínimo los presupuestos de las dependencias. Eso, sumado a la notoria incapacidad de quienes están a cargo de ellas, ha destruido la capacidad de gestión: no hay medicinas, no hay atención en hospitales, la educación está en ruinas, la infraestructura se desmorona, no se puede garantizar la seguridad pública, entre cientos de ejemplos. Con todo y ello, el déficit no se ha podido controlar, y si bajó entre 2024 y 2025 se debió a una reducción considerable de la inversión pública. Por esa razón, ya casi todos se convencen de que estamos en una espiral de endeudamiento que no podrá controlarse.
En el mercado laboral, los incrementos al mínimo, que todos celebramos al inicio, también se exageraron. Había margen para duplicar el salario que se tenía en 2016, y eso ocurrió hacia 2023. Pero venía la elección, de forma que no hubo sensatez, y los incrementos que han ocurrido desde entonces se han reflejado en una caída en la generación de empleo. Dependiendo del indicador que se utilice, estamos estancados (según datos del IMSS) o ya en contracción (ENOE y personal ocupado de los sectores económicos). El crecimiento de las remuneraciones reales de los trabajadores va en el mismo sentido: es cada vez menor, y muy probablemente entre en terreno negativo en unos meses.
Es llamativo que casi la mitad de los trabajadores están ganando menos de un salario mínimo. Otra vez, como en los años 70, el mínimo no es tal. Puesto que eso sólo puede ocurrir en la informalidad, esto significa que entre ocho y nueve de cada 10 informales se encuentran ahí. Si le sumamos que prácticamente todos los empleos creados en el último año han sido informales, creo que la situación es clara: se acabó el sueño de repartir.
Es una faceta de la realidad que, ya sabíamos, iba a golpear al movimiento excluyente, indisciplinado, voraz e incompetente que se ha enquistado en el poder. Hubo siempre un límite económico, y ya llegaron a él.
Una segunda faceta era también evidente considerando las características del movimiento: aparecerían las fracturas. Porque Andy no heredó nada, porque los aliados no tienen llenadera, porque todos creen que les toca. Finalmente, la tercera amenaza de la realidad era el lodo con que construyeron su ladrillo. Los acuerdos con criminales tarde o temprano hundirían el experimento.
Supongo que en su mañanera-informe, la señora Sheinbaum habrá insistido en que han sacado de la pobreza a millones, aseguró que en el movimiento priva la unidad, y olvidó mencionar a Rocha Moya y los diez de Sinaloa, a las otras listas, al derrumbe del eje Habana-Caracas-Madrid. Pero seguro usted ya sabe qué dijo, yo nada más imagino.
