Hay partidos que duran un estornudo; otros, en cambio, son tan largos como una noche velando a un bebé. El Madrid-Oviedo (2-0) sin nada en juego entra de lleno en la segunda categoría. ¿Qué sentido tiene el juego de un equipo cuyo lema es solo ganar cuando ya no puede hacerlo? Eso pensarían los futbolistas blancos que salieron al césped, silbados por sus hinchas en el calentamiento, víctimas después de un silencio sepulcral de un Bernabéu semivacío. Es más interesante pasar el puente de San Isidro en otros lares que viendo perder balones a Camavinga en su temporada para olvidar cuya guinda fue que, horas antes del partido, se oficializó que se quedaba sin Mundial. “Entiendo que esté jodido”, dijo elocuente Didier Deschamps.
