Iba a titularse El árbol y el ruiseñor, tal como la novela en que está basada pero no vivimos tiempos para la lírica: La ahorcada es un honesto reclamo para los amantes del género. Dirigida por Miguel Ángel Lamata –no fuimos los primeros en hacer el chiste–, lleva a Amaia Salamanca (Madrid, 1986) a un cambio de registro radical (y competente) que el espectador disfruta desde el mismo arranque de la película. “Estoy muy agradecida a este tipo de personajes, distintos a los que he venido haciendo. Y son los que busco últimamente, más arriesgados y experimentales. Busco nuevas facetas y no es que hubiese hecho mucho terror anteriormente”, dice la actriz en conversación con La Vanguardia.
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