Una semana después de que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, decidiera abortar su plan de privatizar parte de los derechos de los Mundiales ante el alud de críticas en contra del proyecto el tablero de la cúpula del fútbol sigue igual de agitado. Si Infantino pretendía tranquilizarlo todo con su marcha atrás no lo ha conseguido. El experto dirigente no está solo pese al ruido ensordecedor generado a su alrededor pero ha perdido muchos apoyos. Las cancillerías federativas se han dividido y se mantienen distintas posiciones con el horizonte de las elecciones a la presidencia de la FIFA, previstas para el próximo mes de marzo. Están las federaciones abiertamente críticas con Infantino, las que explícitamente le apoyan y las que mantienen silencio o posiciones más tibias en uno u otro sentido. Lo que sigue es una especie de mapamundi en torno a la crisis de la FIFA.
