Hay pesadillas que no se olvidan fácilmente y lugares a los que cuesta regresar. Guarda muy mal recuerdo la selección inglesa (y su afición) del estadio Azteca, donde hace 40 años que no juega. No lo hacía desde el 22 de junio de 1986, el día que Maradona eliminó al equipo que dirigía Bobby Robson, impotente ante los dos goles, uno para olvidar, con la mano (la mano de Dios), y otro para enmarcar, el mejor del siglo XX.
