Un anuncio de una cadena de deportes de EE.UU. jugaba con la homonimia entre dos personas: Michael Jordan, la extrella del baloncesto y Michael Jordan, un anónimo ciudadano con el mismo nombre del mito y cuya llegada siempre generaba decepción. Seguramente, Mark Zuckerberg, un abogado de Indiana con 38 años de experiencia en pleitos concursales, ha vivido esa experiencia alguna vez. Lo que no esperaba es que su identidad fuera un problema para el otro Mark Zuckerberg.
