Pyla explica muy bien Chipre, lo que fue, lo que es y, tal vez incluso, lo que podría ser mañana. Es un pueblo tranquilo, de secano y casas encaladas. El paisaje son olivos y campos de cereales. La playa está a seis minutos en coche. En el centro hay una mezquita y una iglesia ortodoxa. También hay dos cafés, uno turco y otro griego, que sirven el mismo café, pero que en un local se llama turco y en el otro, griego. Junto a ambos hay una torre medieval que se utilizaba para vigilar la costa y alertar de la llegada de los piratas sarracenos. Hace 62 años que la ONU patrulla el pueblo, el único de Chipre donde griegos y turcos aún viven juntos. “Aquí no pasa nada”, afirma el camarero del bar turco. “Esto es muy tranquilo”, corrobora el del bar griego.
Internacional Chipre aún busca su identidad
Chipre aún busca su identidad
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