Utilizo una vivencia personal para compartir una queja colectiva: disfrutar de un partido de fútbol masculino en directo se ha convertido en un lujo al alcance de una minoría, salvo excepciones. Consciente de la dificultad de conseguir una entrada para la final de la Champions masculina, me apunto desde hace un par de años a la lotería, oficial, que cada primavera organiza la UEFA. Hay decenas de miles de peticiones que cada año superan, de largo, el número de localidades disponibles. Es un sorteo de entradas a precios más o menos razonables: de 180 a 950 euros por localidad. Te libras de la reventa y de los sorteos que organizan los dos clubs finalistas entre sus socios. Como socio culé nunca he sido agraciado.
