La oposición mata su criatura… y ayuda a Morena

El 2 de junio ha traído una cosa singular: la oposición se ha lanzado a manchar la cultura electoral, que tanto les debe, con lo que de paso ayudan a Morena a justificar la reforma al INE.

Los partidos de oposición, con salvedad de Movimiento Ciudadano, denuncian fraude. Así, como quien dice deme dos enchiladas más. La palabra dinamita que definió a un mal perdedor en 2006 es arrojada ahora por quienes tanto empeñaron en construir reglas electorales.

El domingo la ciudadanía demostró una cosa nada menor. A pesar de todo, de absolutamente todo, confía en las elecciones. En que podrá emitir su voto, en que su voluntad no será burlada.

Que la gente madrugue (o emplee en ello parte de su domingo) para votar y se desvele esperando el conteo se dice fácil, pero costó muchos muertos; y precisó de muchos valientes –entre ellos incontables izquierdistas que luego fueron del PRD, y de muchos derechistas que fueron del PAN–. Pero valió la pena. Desde 1994 para acá casi todo fue mejora.

Sin embargo, tras el 2 de junio el PRI, el PAN y el PRD, autores de las reformas más grandes en materia electoral, decidieron que su derrota –en la presidencial por sólo 30 puntos– no podría entenderse sin el fraude.

El mensaje dominical de Xóchitl Gálvez tras conocerse el conteo rápido fue lamentable en ese sentido. Mucho mejor estuvo Santiago Taboada. La primera saludó el triunfo de Claudia Sheinbaum pero la estatura no le dio para decir que entraría en reflexión y tendría un balance de la jornada, eventuales irregularidades incluidas, en el momento propicio. El candidato capitalino sí dijo algo parecido a eso.

Lunes y martes siguió el embate de la “cofradía del santo reproche” (Sabina dixit). “Esto no termina aquí”, dijo antier Xóchitl Gálvez en la red social X. “Sí presentaremos las impugnaciones que prueban esto que les digo y que todos sabemos (todo el aparato del Estado dedicado a favorecer a su candidata y crimen organizado amenazando y matando aspirantes). Y lo haremos porque no podemos permitir que tengamos otra elección igual a esta”. Igualmente, Marko Cortés (PAN), Alito Moreno (PRI) y Jesús Zambrano (PRD), que evitan cualquier  autocrítica y gozarán de fuero, cantaron el tango de la victimización.

Lo peor no es que esos tres dirigentes carezcan de la vergüenza para hacerse a un lado por el fracaso. Lo realmente preocupante es que no vean que tienen a la mano un complejo sistema de normas y leyes, de procedimientos y recursos, con los cuales defender triunfos reales y contener eventuales excesos de la coalición ganadora.

Al enlodar con sus bocas flojas la votación denuestan a las y los ciudadanos que recolectaron y sumaron votos, y a todo lo rescatable del INE; y devalúan a una democracia que no necesita de líderes que fomentan delirios en vez de sembrar confianza en las instituciones.

Por supuesto que hubo indebida e ilegal participación del Presidente de la República en el proceso. Y también que deben ser limpiadas las fundadas sospechas de acciones fraudulentas en algunas localidades. Mas la descalificación sin ton ni son del proceso le ayuda a una sola persona: AMLO.

Le engordan el caldo para que tenga más pretextos, como si le faltaran, para emprender una unilateral, y deliberadamente antiminorías, reforma electoral: “Miren, hasta ellos creen que lo de ahora no funciona”.

Esos “ellos”, por cierto –y a salvedad de Xóchitl que debería tomarse unas vacaciones para aclarar la cabeza–, saldrán ganones con escaños sexenales de esas elecciones a las que hipócritamente escupen.

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